Nuestros Testimonios


La verdad de nuestros entrevistados:


Uno de los principales elementos que mencionamos al principio de la realización de este proyecto investigativo, fue el trabajo a partir de los testimonios de personas que habían realizado el Servicio Militar Obligatorio durante los primeros años de dictadura en Chile. Para esto, las personas que prestaron sus testimonios, los señores Luis Dinamarca Garrido (domiciliado en La Cisterna, Población Eduardo Frei Montalva)  y Aquiles Veas Lagos (Recoleta, Población Chacabuco 3) , participaron tanto en etapas, como en procesos que difieren en muchos puntos en lo que significó para ellos la experiencia de realizar el Servicio Militar Obligatorio. El primero de ellos ingresando en Junio de 1973, a 3 meses del golpe de estado en Chile, y el segundo realizándolo en Octubre del año 1980, un mes después del plebiscito que permitió la aprobación de la Constitución.
Pese contexto en el cual se desenvolvieron ambos casos fue distinto, existe una serie de elementos encontramos a partir de las entrevistas realizadas, que nos permiten presentar algunos paralelismos con respecto a lo que significa la experiencia del Servicio Militar Obligatorio en la época de la dictadura y que, en nuestro caso, a partir de la hipótesis que presentamos, ayuda a presentar un panorama general con respecto a aspectos de corte económico que determinan en muchos casos el desarrollo de los sujetos.
Siguiendo los lineamientos de nuestra hipótesis, y a partir de las preguntas realizadas a las personas implicadas en la investigación testimonial, uno de los aspectos que más logramos destacar, y que fue compartido por los entrevistados, fue el hecho del desencanto que se generó con respecto a la institución militar, al momento del ingreso a esta.
Este desencanto se produjo principalmente a partir de la estructura vertical que se desarrolló dentro del servicio, elemento que para los entrevistados, distaba mucho de lo que a ellos le parecía correcto, pues  esta organización verticalizada, no tan solo suponía una falta de carácter meritocrático con respecto a los desempeños y obtenciones de grados, sino también una fuerte segregación socio-económica dentro de la misma institución.
“Si en algún momento me gustó la milicia y todo eso, ya ahí dejó de gustarme de plano. No me gustó mucho las cosas jerárquicas, no me gustó ese sistema. Aun cuando fui un buen soldado.” [1]
Para ambos entrevistados, la visión sobre el servicio militar se vio enfrentada a un quiebre con respecto a lo que ellos parecían pensar en un principio, por el lado del señor Luis Dinamarca, este quiebre se vio fundamentalmente influenciado por el contexto personal en el que se desarrolló este desde sus inicios:
“Bueno, debido a que yo tenía muy poco estudio, octavo año, yo no pensaba quedarme, pero dije voy a ver como se dan las cosas, y bueno, una vez que entre, me gusto eh… el sistema de vida militar, ya que no era tan estricto como me decían a mí, como yo pensaba, y bueno también se da de que yo siempre fui súper autónomo, desde chico, sabia cocer, sabia planchar, sabia cocinar, sabía hacerme todas mis cosas, entonces habían hijitos de su mama que no sabían cocer un botón po’ […] entonces para mí no fue ningún problema, el levantarme temprano tampoco porque yo pa’ ir a trabajar a la fábrica, me levantaba a las 5-6 de la mañana, y trabajaba todo el día en la fundición, entonces prácticamente fui al servicio a descansar, pasar por ahí, había “recreo”, había que ir a marchar, marchas pa’ allá, marchas pa’ acá, de repente había que ir a tiro, pa’ mi era una diversión al final, juego de niños, porque mi vida había sido sufrida igual po’, no así los que habían salido de la falda de la mamá, y no se sabían ni servir desayuno, yo no, si no había comida, comía pan duro, y todo eso po’, pa’ mi fue, el ingresar, una cosa simple para lo que me había tocado vivir.”[2]
En este fragmento podemos apreciar como la situación en la que se encontraba el señor Luis, previa a su ingreso al servicio militar, puede relacionarse directamente con lo que significa nuestra propuesta de investigación, pues es a partir de la situación socioeconómica de este, junto con el ritmo de vida en el cual se había desarrollado, a partir del trabajo constante en fábricas desde temprana edad, desembocaron en que este decidiera permanecer en la institución.
De igual manera, y a partir del mismo fragmento, puede mencionarse un elemento que es compartido por ambos entrevistados, que corresponde al sentido de “independencia” que se genera al momento de participar en las prácticas y rituales que se desprenden desde el momento en que uno está dentro del servicio militar, pues los sujetos se deben entender como sujetos autosuficientes.
Si bien, ambos entrevistados, muestran preferencia y cercanía con lo que significa el “marchar”, o lo que significa una institución como el ejército, esta preparación se vio rápidamente eclipsada, en el caso de Luis, por lo que se avecinaba al momento de desatarse el Golpe de Estado:
“Yo no fui nunca mucho de amigos, y con mi familia, siempre hemos sido así como “opacos” entre nosotros, no nos visitamos mucho ni nada […] entonces de repente cuando daban permiso volvía pa’ mi casa, de repente no, habían incluso veces en que pasaban meses y yo no volvía pa’ la casa, porque lo pasaba mejor adentro del regimiento, tenía mi comida, mi almuerzo, mi desayuno, donde dormir, y pa mí eso era bueno, pero fue bueno porque lo que me motivo a mi adentro, era que yo quería desfilar en el parque O’Higgins pa’ la parada militar de ese año, ese era mi sueño en ese momento, y yo estaba contento cundo marchábamos, pero bueno tuvimos instrucción desde junio, hasta por ahí por agosto, entrando septiembre, nos dijeron que ya no había más instrucción de desfile, a partir de ahora van a tener otro tipo de instrucción, que era más ruda, más de combate, cuerpo a cuerpo, esgrima de bayonetas, tratamiento de prisioneros, etc. y yo me puse cachuo por eso, porque un cambio tan radical, pero en un principio no se me pasaba por la mente, pero yo siempre he tenido un instinto bueno, y siempre estaba informado de lo que estaba pasando en el país, yo tuve la tincá de que algo iba a haber […] nos levantaban casi a las 4 de la mañana, vestirse, formar, cargar, y después ir a acostarse de nuevo, todos los días […] Después llego el 11 de sep., que ahí nos levantan como a las 4 de la mañana, y lo que me causó curiosidad, porque hasta el momento no nos habían dicho nada, fue que nos hicieron pasar a la sala de armas, y nos pasaron munición, cargar todos 4 cargadores con munición y salir, porque ninguno de los que estaba ahí sabía dónde iba a estar, y ahí salimos a formar, y llego un general que se tomó el regimiento, pues ahí antes había un coronel a cargo, que desempeñaba el papel de sub-delegado de gobierno, fue allende el que lo nombro ahí en colina a ese coronel, entonces por ser de un bando opuesto para lo que estaba pasando, lo sacaron de ahí y llego ese general.”[3]
Este episodio, relata el quiebre dentro de la institución que vivió el señor Luis Dinamarca, al momento de enfrentarse a las semanas previas al golpe de estado, y que en gran medida definieron lo que sería el escenario en el cual se desenvolvería de ahí en adelante tanto él como el país.
“yo pase los meses más crudos del golpe en la calle, septiembre, octubre, noviembre y diciembre, y después de eso me mandan a trabajar a la subdelegación de gobierno, que es donde estaba el coronel que llego al regimiento, y voy pa allá a trabajar junto con un sargento que era escribiente, y como yo había aprendido a escribir a máquina me sacaron y me llevaron, entonces ahí ya no me toco estar más en la calle, trabaje en la parte de la muni no más, y pucha me tocó vivir una cantidad de experiencias ahí adentro”[4]



Pese a que el motivador inicial que se presentaba en el relato del señor Luis había desaparecido (el sueño de participar en una parada militar), el cambio que vive este dentro de la institución, al momento del traslado desde la vida en el cuartel al trabajo en la municipalidad, abre nuevas puertas en lo que significa la carrera y el desarrollo profesional que vive este dentro de la institución.
Si bien traslado de lugar desde el regimiento a la municipalidad generaría un cambio en lo que respecta a lo que viviría don Luis, este no estuvo exento de las problemáticas socio-políticas y persecuciones que se vivieron en el país, relatando que estas a su vez se vivieron dentro de la propia institución:
“Tuve un montón de experiencias, de tipo social igual, cosas impactantes para uno… peligrábamos todos igual dentro mismo del regimiento, nadie sabía que de repente, un soldado, un compañero mío, se lo llevaban de repente y desaparecía po’, porque tenía un familiar, o un vecino o cualquier cosa que pertenecía al partido tanto, o sea, que culpa tení tú si alguien, no sé, tu papa fue militante del partido comunista el año tanto, ¿tú también?, no po’, entonces igual uno se da cuenta que en ese periodo hubieron muchas arbitrariedades, y que yo no estaba de acuerdo, pero no podía hacer nada porque si decía que no estaba de acuerdo me llevaban a mi igual po’ y me mataban, entonces uno observaba y callaba no más. […] Una experiencia que me toco una vez fue que allá en colina, un día en la noche mientras estaba haciendo guardia, llego una camioneta y unos superiores fueron y se llevaron al coronel a cargo del regimiento, y yo en ese entonces ya era cabo primero y entre todos los que estábamos ahí era el de rango más alto, entonces me quede a cargo del regimiento completo po’, y era mucha responsabilidad igual pa’ un cabro como yo que tenía 18 años en ese tiempo, porque ahí uno tenía que ver no tan solo las cosas que pasaban afuera, sino que adentro mismo del pelotón, porque estaba lleno de patos malos igual adentro, huevones que eran delincuentes, enfermos mentales igual, algo psicóticos algunos, entonces imaginate que a personas como esas igual les pasaran un arma, era un peligro público po’, entonces ahí tenía que tener cortitos a todos los que podían causar problemas adentro, porque uno podía… disparar a lo que quisiera si quería po’, pero los que son malos, siempre van a ser malos, y los que no… bueno yo nunca me arrepiento de nada porque nunca mate a nadie y yo siempre analice, analice la situación, y prohibí muchas cosas en el tiempo que me toco estar a cargo, que ante cualquier cosa que pasara me llamaran y no actuaran por si cuenta”
Desde la persecución política hasta la falta de filtros para seleccionar a quiénes eran pertenecientes a la institución militar, fueron los aspectos más adversos que vivenció el señor Dinamarca en el período que comprende desde Junio del ’73 a Mayo del 74’.
Ahora bien, un aspecto que se ve compartido por ambos entrevistados, a partir de los relatos de su experiencia, es una fuerte presencia de conciencia de clase que en particular en el caso del señor Dinamarca, no se ve correspondida con algún tipo de militancia o cercanía política, pero que a partir de sus dichos, podemos identificar.
“Bueno, lo negativo es que uno ve muchas injusticias, como el mando militar es una cadena por así decirlo, una escala, en la que puede haber una persona… ahí se mira mucho más el grado que a la persona, porque tu podí ser muy inteligente, pero no necesariamente podí ser oficial, y yo analice y no eran muchas veces tan inteligentes los oficiales, o sea lo que yo hacía era muy superior a lo que muchos oficiales sabían hacer, entonces esa parte no me gustaba, yo creo que los grados deberían darse por méritos, por lo que tú haces y sabes hacer, o sea si a mí me hubiesen dado la posibilidad quizás a donde habría llegado […] aquí no pasa eso po’, aquí el familiar del familiar llega a puestos altos, por apellido, no por méritos, entonces la verticalidad es algo que no me gusto a mí, eso de cumplir órdenes, aunque uno sepa que es algo malo, y debe cumplir no más, ahora igual hay unos reglamentos de disciplina internos que dicen que si alguien de menor rango ve que una orden superior no es correcta, o no está de acuerdo, puede decirle a su superior los argumentos contrarios, dos veces puede hacerlo, pero si a la tercera no te hacen caso estay jodido, tení que acatar no más, y eso está en un reglamento, o sea que si en tiempo de guerra tú no acatas eso a ti te fusilan, y ese tiempo que viví yo fue considerado por los militares como tiempo de guerra, yo estuve en tiempo de guerra, te pillaban durmiendo en una guardia ahí era fusilamiento, y yo vi fusilamientos… de soldados, entonces ¿qué pasa? que es muy rígido eso, muy a la antigua […]”[5]
Las entrevistas, además de entregarnos aspectos en común entre los testimonios de los entrevistados, también nos evidencian lo diferente que puede ser cada experiencia en el Servicio Militar, teniendo siempre en cuenta los contextos en los cuales se enmarca, así como también los diversos motivos que pudieron llevar a los jóvenes pertenecientes a un estrato socioeconómico bajo a querer ingresar y, una vez dentro, mantenerse o no vinculados a la institución militar. En el caso de Aquiles Veas Lagos, quien realizó en Octubre de 1980 el Servicio Militar Obligatorio, su ingreso no fue visto por él como una oportunidad para mejorar sus condiciones de vida siguiendo una carrera en la institución. Él fue llamado al servicio militar a los 19 años, luego de haberse inscrito como la ley lo indicaba. No obstante lo anterior, años atrás sí había intentado entrar a la institución militar para hacer una carrera en ella. Tal como lo explicó durante la entrevista al momento de contarnos sobre su postulación a la Escuela de Suboficiales:
“No sé, siempre me ha gustado lo marcial, cuando marchan, los desfiles, como esa cosa bien estructurada. Lo veía como una profesión, en ese momento estaba en tercero medio. […] A lo más que uno podía optar era a sacar el cuarto medio. […] Cuando postulé a la escuela de suboficiales estaba en tercero y dije, saco el tercero y postulo a la escuela y ahí hacer una carrera.”[6]
Este intento por iniciar una carrera militar en la Escuela de Suboficiales no se concretó, pues no quedó seleccionado. Años más tarde, al cumplir 18 años se inscribió como todos los jóvenes en los registros, lo que significó su llamado alrededor de un año más tarde. Nos mencionaba además que en ese momento, al contrario de lo que sucedía en su postulación a la escuela de suboficiales, él no esperaba salir entre los llamados, pues no veía en el Servicio Militar una oportunidad de mejorar su condición social:
“En ese tiempo era como obligación inscribirse también, yo estaba bien trabajando. Llevaba como un año trabajando, me había afirmado bien. […] Me inscribí porque era obligación y después cuando me llamaron no tuve tampoco muchas alternativas para poder sacármelo. Y después ya me hice la idea y dije ya vamos no más.”[7]
Una vez dentro del Servicio Militar, el cual desarrolló en Iquique, explica que se sintió decepcionado completamente de la institución militar, sin embargo valora la experiencia, pues esta también le entregó herramientas para desenvolverse en su vida cotidiana.
“Lo único positivo que pude rescatar es que uno aprende un poquito a independizarse, a valerse por sí solo, esas cosas. A ser responsable, limpio, ordenado. […] Si no lo hubiera hecho no sé si hubiese sido igual, a lo mejor no o a lo mejor sí igual. Pero es lo que más podría rescatar.”[8]
         Don Luis Dinamarca también reconoce aspectos positivos de su paso por el Servicio Militar, pero al momento de darnos a conocer las virtudes de haberlo hecho, también manifiesta una fuerte crítica por el carácter clasista del funcionamiento de ayudas a los conscriptos y el sistema de ascenso dentro de las Fuerzas Armadas.
“La parte positiva que rescato es que igual me dio la oportunidad de estudiar adentro, de irme superando y lograr lo que logre finalmente, pasar de tener octavo año… claro que yo todo lo que estudie fue por méritos propios, yo estudie de noche… toda la media la hice en el Instituto Luis Campino, vespertino, que queda al lado de la universidad católica, y de repente cuando yo tenía guardia, yo tenía que pagarle a un compañero pa’ que me hiciera la guardia, a pesar de que ganaba una mugre adentro, pero era mi única oportunidad para lograr algo adentro del ejército, porque cuando yo pregunté que tenía que hacer pa’ llegar a los puestos altos, de primera me dijeron que no podría, porque yo era pobre, pero después de insistir, me dijo que tenía que terminar mis estudios para poder ir subiendo, yo les dije que tengo que hacer pa’ dejar de ser lo que soy, y me dijeron que tenía que estudiar, pero por las mías, todo lo contrario a los oficiales po’, que a ellos les van pagando cursos y cosas pa’ que se vayan especializando, pero a uno no po’, porque es el perraje”[9]
Del mismo modo que don Luis Dinamarca, Aquiles Veas repudia la verticalidad con que funcionaron las cosas durante su paso por el Servicio Militar. Esto hizo que se decepcionara profundamente de la institución militar, a la cual en algún momento de su juventud anheló pertenecer. Es por este motivo que decidió no seguir vinculado a la institución después del año y medio que pasó dentro. En palabras del entrevistado:
“No seguí vinculado. Debí haberlo hecho sí, porque eso es lo que debe seguir después. Uno queda como reservista. […]Durante el desarrollo de mi servicio militar ya fui descartándolo de plano. Como te digo, las cosas, el orden jerárquico no me gustó. No me gustó que una persona que es suboficial, porque hay clases sociales igual y eso es lo que no me gustó y todavía me sigue molestando. Por ejemplo una persona que hace una carrera militar como suboficial, que por lo general son personas de la clase más humilde o media, a lo más que pueden aspirar es a llegar a suboficial mayor, que es el máximo grado y que ya tienen como 45 o 50 años y viene saliendo un subteniente o alférez de la Escuela Militar que tiene 20 años o 18 años y lo manda. Es superior a él. El trato es de militar no más, pero una persona que tiene 20 o 30 años en el ejército sabe más que uno que viene saliendo de la Escuela Militar. Sobre todo en el trato con los demás soldados, con los demás pares. A mí me molestaba eso, mucho, ver que un suboficial que era suboficial mayor, y llevaba años de servicio,  tenía que cuadrarse ante un cabro que no sabía ni ponerse firme, ni cuadrarse.”[10]
         Las diferencias respecto a la continuidad en la institución militar de cada uno de los entrevistados están marcadas por las diferencias de contexto en que se desarrollaron sus ingresos. En el caso de Luis Dinamarca fue en pleno año del golpe de estado, en la Región Metropolitana, por lo que su experiencia estuvo marcada por el quiebre ocurrido el 11 de Septiembre de 1973. Además, su situación al momento de ingresar estaba marcada por trabajos de alta exigencia física en una fábrica de fundición, por lo que el ingresar al Servicio Militar le significó un descanso respecto a la difícil vida que le tocaba vivir en ese momento en la fábrica. Por el contrario, Aquiles Veas fue enviado a Iquique en Octubre de 1980 a realizar su Servicio Militar. En este caso, él no vio muchas situaciones que estuvieran cargadas ideológicamente durante su reclutamiento. Así lo declaró durante la entrevista, en donde expresó lo siguiente:
“Creo que una sola vez vi una situación de esas. Como un año antes que yo me fuera al servicio fue el tema de la modificación de la Constitución Política, que igual no estábamos muy informados, pero era sí o no. Creo que fue el 21 de Abril y yo en Octubre del 80 me fui. Entonces yo estaba a meses de irme, no sabía todavía que me iban a llamar en todo caso, y me tocó ir a votar. Obviamente que yo voté que no, yo era del no, o sea yo no estaba de acuerdo con el régimen militar. Y después cuando salí llamado y estuve ahí dentro, a un muchacho no sé por qué fue que le preguntaron y él dijo que había votado que no. Y como que vi que lo castigaron, pero tampoco fue algo grave, le dieron un castigo físico de hacer ejercicio. No sé por qué salió el tema, porque dentro del año y medio nunca tocaron temas políticos. […] Milico, milico, guerra, a los peruanos a los bolivianos, eso… todo lo que tiene que ver con milicia, nunca vi algo político.” [11]
         Al parecer, el hecho de estar en el Norte del país, y no en la capital como en el otro caso, además de ya haber transcurrido siete años desde el golpe de estado, aprobándose ya la Constitución redactada por la dictadura, hizo que su estadía en el Servicio Militar no estuviera marcada de sobremanera por el componente ideológico anticomunista propio de la dictadura, como sí ocurrió en 1973 con don Luis Dinamarca. No deja de ser extraño que no estuviera cargado políticamente el adiestramiento de los reclutas en el caso de Aquiles Veas, pero es eso lo que él nos relató en su testimonio.








[1] Luis Dinamarca, Grabación de testimonio.
[2] Luis Dinamarca, Grabación de testimonio.
[3] Luis Dinamarca, Grabación de testimonio.
[4] Luis Dinamarca, Grabación de testimonio
[5] Luis Dinamarca, Grabación de testimonio
[6] Aquiles Veas, Grabación testimonio
[7] Aquiles Veas, Grabación de testimonio.
[8] Aquiles Veas, Grabación testimonio
[9] Luis Dinamarca, Grabación de testimonio
[10] Aquiles Veas, Grabación testimonio
[11] Aquiles Veas Lagos, Grabación testimonio





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